No era suelo, era cielo.
Existen sitios perfectos e inmensos dentro de los ojos cuando duermen, bloques de hombres-edificio o edificios-hombre que poseen un nombre eterno y que son conjuntos de escaleras que no terminan, que se doblan y se dirigen a ese otro hombre-edificio o edificio-hombre que inventó el vértigo, que ha inventado todas las clases de vórtices, de atemporalidades, de culminaciones permanentes, tengo-miedo.
En el suelo de sus pies estoy yo.
Desconcertándolos.
En el suelo de sus pies soy rodillas y dos manos blandas asegurando segundos-centímetros en los que por respiro involuntario arranco un pedazo de suelo. Algo nuevo ha entrado desde el agujero que he hecho, algo que se lanza a viajar entre los rancios inmuebles
es viento.
Hombres-edificio o edificios-hombre que no saben lo que inventaron cuando los espejos, lo que inventaron cuando el suelo y el cielo.
Posted 29th January, 2012